Ni la crisis de salud de Honecker –había sido operado y se hablaba ya de que el cáncer le carcomía el cuerpo– impedirían los festejos por el 40 aniversario de la RDA, a celebrarse los días 6 y 7 de octubre.

A la cita llegarían los líderes del mundo socialista en ese momento: Mijail Gorbachov, de la URSS; Wojciech Jaruzelski, de Polonia; Nicolae Ceausescu, de Rumania; Milos Jakes, de Checoslovaquia; Daniel Ortega, de Nicaragua; Yasser Arafat, de Palestina, y aunque en México no existía un régimen socialista, también hubo representación oficial: estuvieron presentes Rafael Rodríguez Barrera y Agustín Basave, del PRI; Ricardo Valero y Amalia García, del recién nacido PRD, tan nuevo que apenas si lo conocían en la embajada en la RDA.

El 18 de octubre, vía telefónica, el encargado de negocios de la embajada mexicana en la RDA, Sergio Gomar, informaba de la renuncia de Honecker a la dirección del Partido Socialista Unificado de Alemania por motivos de salud. Asumía el cargo en el partido, y por tanto en el gobierno, Egon Krenz.

No duraría mucho. Los cambios en la RDA derrumbaban sus propios muros.

En esos días llegaba la hoy senadora Rosario Green como nueva embajadora de México en la RDA. Uno de los primeros reportes que envió tiene fecha de 31 de octubre de 1989. Le informa a Fernando Solana Morales. Su primer corte es sobre los acontecimientos de octubre y su lectura de la política interna: “Conviene no pasar por alto que la efervescencia que está viviendo el país es una clara manifestación de identidad nacional de la población que reclama reformas sin cuestionar la viabilidad del socialismo, lo cual viene a cancelar o por lo menos a cuestionar los planteamientos que se formulan en la RFA en torno a la ‘reunificación’ a raíz del éxodo”.

El 8 de noviembre salía otro despacho de la RDA. Rosario Green informaba que a las 18:30 horas del 7 de noviembre los medios electrónicos difundieron la renuncia del consejo de ministros del gobierno germano oriental.

La cifra de migrantes hacia la Alemania Occidental alcanzaba los 150 mil, lejos del número calculado a comienzos del año, que lo ubicaba en cuando mucho unos 100 mil.

“El gobierno de Bonn ha reconocido que proporciones alcanzadas durante últimos días, por afluencia de 150 mil personas en lo que va del año, ha provocado estado de emergencia nacional”.

De ahí, lo más cercano a la fecha y hora de la caída del Muro de Berlín es el documento enviado desde la RFA por Adolfo Hegewisch.

Por lo menos en los varios expedientes consultados en el archivo histórico de la SRE, del lado de la RDA no se emitió esa tarde o noche del 9 de noviembre de 1989 reporte de lo que pasaba. ¿No se entendía la magnitud que el mismo Hegewisch tampoco alcanzaba a observar apenas en el párrafo final? ¿O esa omisión era producto del poco tiempo de Rosario Green en la embajada, apenas con dos semanas en el cargo?

Una respuesta la da la misma Rosario Green en entrevista con Homero Campa (Proceso 27, número especial): retornó a su residencia a contracorriente de la muchedumbre. Toda la noche y la madrugada intentó comunicarse con la cancillería, pero las líneas telefónicas estaban saturadas. Cuando finalmente lo consiguió —en la mañana— “en México ya se conocía la noticia”.

Hay reportes de los siguientes días. No reflejan el tamaño del acontecimiento. Pocos, quizá, imaginaban lo que realmente estaba pasando. Pocos creían que ese sería el fin del Muro del Berlín. Que la Guerra Fría podría entrar en la fase de calentamiento.

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