IV

Hablaron de todo durante horas. Le dijo a Aleida que el amor por su familia adoptiva se mantenía intacto. Una de las varias preguntas que hizo Lucio Antonio en ese cuarto vacío de cosas la noche del 29 de diciembre, y que le resultaban incomprensibles y exigía una explicación del Estado mexicano: por qué antes de que sus padres fueran desaparecidos ya lo estaban dando en adopción.

“Yo era un niño que ni siquiera podía tener ideas políticas. ¿Con qué derecho me cambiaron la vida? Y las autoridades, tanto la Fiscalía Especial y otras autoridades, tienen que decirme por qué no me buscaron antes, si tengo un pasaporte y una matrícula consular”.

Cuando ya la noticia del encuentro entre los hermanos era conocida internacionalmente, el miércoles 5 de enero la Femospp, en conferencia de prensa, daba a conocer su parte de esta historia. En el informe se adjudicaba haber proporcionado todos los recursos económicos y la logística para que Aleida encontrara a su hermano. Se dijo entonces que incluso le habían dado 2 mil dólares de viáticos, algo así como 20 mil pesos.

Esa misma tarde, luego de la conferencia, Aleida recibió una llamada de Juan Carlos Sánchez, director de Ministerios Públicos de la Femospp, quien le pedía aceptara hacerse la prueba del ADN para confirmar el vínculo biológico y, de paso, le reclamó que estuviera cuestionando a la fiscalía. Ella le dijo que solamente estaba precisando cuáles habían sido sus aportaciones y sus errores, sus indiferencias en el caso.

–Bueno, pero ¿no tienes lo que querías?, ya encontraste a tu hermano, ¿qué más quieres?, le reprochó el funcionario.

Aleida aclara. “No niego que la Femospp me apoyó con los boletos de avión, pero luego de tanto insistirles y señalarles que era su responsabilidad, que eso era parte de las cosas que debían apoyar. Que ayudar a localizar a los desparecidos era una de sus tareas para las que fue creada… Nada más.

“También la fiscalía proporcionó información falsa como la supuesta búsqueda en el hospital del IMAN, donde dijeron que el expediente nunca había existido; después argumentaron que lo habían destruido, y luego ya habían hecho una búsqueda en la casa hogar y que no había ningún caso parecido. Es evidente que la fiscalía nunca iba a resolver el caso y a darme información sobre el paradero de mi hermano; hasta el momento no hay ni un solo caso resuelto, las actividades del fiscal y la falta de resultados son un total misterio.

“Ni quiero abrir un debate, ni mucho menos quedar como una heroína. Hice lo que tenía que hacer y ya. Cada quién que asuma sus fallas”.

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