VI

Conversamos con Aleida desde la fábrica donde labora en Ciudad Juárez, Chihuahua. Cuenta que hasta ese día no había noche sin que hablara con su hermano, Lucio Antonio o Juan Carlos, a fin de cuentas el mismo: Tony.

–Se acabó la búsqueda. ¿Y ahora, qué sigue? –se le pregunta.

–Respirar, respirar y disfrutar de esta paz que estoy viviendo.

Después, habrá que investigar qué pasó con mis padres.

–¿Qué imagen viene a tu recuerdo en este momento?

–Todas. Todavía no termino de aterrizar.

Y ahí estarán sin duda todas:

Cuando la fue a despedir al aeropuerto toda la comunidad de latinos que la ayudaron en su búsqueda; el momento en que le regaló a su hermano la televisión que se ganó en la rifa; la primera llamada, el abrazo, el gracias y el beso en la mejilla y, claro, los dos caminando, solos, infinitos en medio del intenso frío invernal por la avenida Pennsylvania con la Casa Blanca de fondo. Él mostrándole la ciudad, ella, aferrada a su brazo.

Publicado en el No. 46 de La Revista (10 de enero de 2005)

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