Prensa y poder político en México: Una historia incómoda

 

Prensa/poder y los vacíos históricos

A pesar de las estridencias de los medios de comunicación de los últimos años, las prefiero a la actitud asumida en los años de las convulsiones sociales de las décadas de los sesenta y setenta. Aunque sé que no estamos en un mundo ideal porque tampoco éste existe.

Qué resulte, qué vendrá, lo que venga nadie lo sabe. Depende de individualidades pero también de cuestiones políticas; de empresarios que dejen de mirar a la prensa sólo como un mecanismo de negociación con el poder en turno. Hoy existen las condiciones para hacer un periodismo mejor, más comprometido con la gente; para verlo más como un servicio que como un poder, de eso no me cabe duda.

Creo que cuesta más retroceder y volver a aquellos años de negociaciones ocultas que dejaron grandes vacíos para la historia. El proceso es lento y quizá nunca lleguemos a un periodismo ideal. Tampoco me engaño, no hay un periodismo ideal en ninguna parte del mundo, pero sí podemos hacer un mejor periodismo, o por lo menos muy distinto al de estos años.

Me queda claro que durante mucho tiempo se construyeron una serie de escenarios, de cortinas, de silencios, y que no fue sólo desde el poder –creo que esto es lo que le da un poco la vuelta a la historia– donde se edificaron esos silencios, y no necesariamente bajo la fuerza del Estado o de la presión de “te quito el papel, o te quito la concesión, o no te doy esto”.

Creo que la parte que ha provocado mucha incomodidad y que le da un giro a la tuerca de la historia, es que en algunos casos no fue necesaria esa presión; y que en la gran mayoría de los casos los medios, los dueños de los medios, los periodistas de esa época, no sólo callaron por voluntad propia, sino que además aplaudieron las decisiones.

Los documentos que están ahí dan cuenta de ello: cartas de felicitación, con las que se entiende mejor por qué no hubo una denuncia cuando más hacía falta. Si en

1968 no hubieran estado cerca los Juegos Olímpicos, y no hubiera visitado al país numerosa prensa extranjera durante esos días, ese año habría sido tan oscuro como lo fue la guerra sucia. Así, de ese tamaño estaban los medios en esa época. No fueron los medios locales los que abren una ventana para entender el 68, son los medios extranjeros… y no hubo de otra, ya se había ventilado: cuando estaba ocurriendo algo en casa había muchos medios extranjeros.

No era la prensa local. La prensa local lo da a conocer y luego se vuelve una gran cortina de humo, no hay continuidad en las investigaciones. Es lo mismo que sucedió en los años de la guerra sucia. Apenas estamos conociendo los efectos que ese silencio tuvo con el registro de lo que pasaba en las montañas del estado de Guerrero, Guadalajara, Monterrey, Puebla, Chiapas, ciudad de México…

Así es, los documentos nos dicen que sí, que el Estado enfrentó y aniquiló a cientos de mexicanos que se atrevieron a cuestionar al poder, porque creyeron que podían enfrentarlo no solamente con las ideas sino también con las armas, y que a tal afrenta el Estado respondió con el ejército, lo cual era negado porque en esa época no había prensa extranjera que pudiera dar cuenta de ello. Pero, ¿dónde estaba la prensa nacional? Ahí estaba y no hicieron nada. ¿Por qué? ¿Dónde estaba mientras en México el gobierno de un presidente civil ordenaba la detención, desaparición y ejecución de cientos de mexicanos? Las cifras más conservadoras hablan de cuando menos 500 desaparecidos en esa época, periodo en el que la relación prensa y poder político vivía días felices.

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