La historia de ese 10 de junio se puede contar en breve. Alrededor de las cuatro de la tarde, estudiantes de la UNAM, del Politécnico y otras instituciones realizaban una marcha en apoyo a alumnos de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que impugnaban reformas legales promovidas por el gobierno de esa entidad, cuando fue interrumpida por el ataque del grupo paramilitar Los Halcones.

Las consecuencias de la agresión dejaron cuando menos 12 muertos y decenas de heridos. A Los Halcones se les identificó de inmediato como un grupo parapoliciaco que formaba parte de la nómina y estructura del Departamento del Distrito Federal, a las órdenes directas del coronel Manuel Díaz Escobar.

El regente era Alfonso Corona del Rosal, quien finalmente tuvo que cargar con toda la responsabilidad y renunciar cuatro días después. De cómo y dónde se prepararon Los Halcones se ha documentado ya en libros como 10 de junio no se olvida, de Enrique Condés Lara, y el más reciente de Julio Scherer y Carlos Monsiváis: Los patriotas. Incluso Ángeles Magaleno, quien hasta hace un mes colaboró con la fiscalía encargada de investigar los crímenes del pasado, aseguró que Los Halcones habían tenido un papel importante el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco.

Pero hasta ahora, tanto las indagaciones de la fiscalía como los libros publicados, han mantenido la versión oficial de que el ejército mexicano nada tuvo que ver con el operativo del Jueves de Corpus.

Por lo menos hasta ahora el fiscal especial para presuntos delitos del pasado, Ignacio Carrillo Prieto, no ha establecido hasta dónde llega la responsabilidad de los militares por ese caso.

Lo más que se ha llegado a aceptar es que varios de los Halcones y el mismo Díaz Escobar habían formado parte del ejército, pero el 10 de junio ninguno formaba parte activa del ejército.

O estaban con licencia o habían sido dados de baja.

A la orden del secretario de la Defensa Nacional del 9 de junio de 1971 respondería el general de brigada Santiago Maciel Gutiérrez: “En relación con el superior oficio citado en antecedentes, me permito comunicar a usted que esta dirección a mi cargo, quedó debidamente enterada de su contenido; acusando el recibo correspondiente”.

También el 10 de junio, el director del Colegio Militar, Miguel Rivera Becerra, dio acuse de recibo de la orden del secretario, del día anterior, asegurando que se daría debido cumplimiento a lo ordenado.

Desde las diez de la mañana del 10 de junio se habían establecido operativos desde varios frentes y secciones del ejército. Por ejemplo,  la Dirección General de Transmisiones, a cargo del general A. Lugo Domínguez, confirmaba al secretario de la Defensa haber recibido a las 07:45 el telefonema procedente del Hospital Central Militar para informarle que le serían enviados dos médicos cirujanos previniendo la recepción de heridos, en caso de que así suceda.

“Los médicos empezaron a prestar apoyo sanitario a partir de las 10 horas de esta fecha. Todo el personal sanitario perteneciente a enfermería de este centro permanece acuartelado y en situación de alerta”.

Pero la orden de Hermenegildo Cuenca, del 9 de junio, de proporcionar atención médica a los cuerpos policiacos del DDF no sería la única. La misma mañana del 10 de junio envió al Secretario de Comunicaciones y Transportes, Eugenio Méndez Docurro, un memorando confidencial y urgente en el que pide que los agentes de la Policía Federal de Caminos “informen de los desplazamientos de vehículos o transportes que conduzcan estudiantes, procedentes de los distintos lugares circunvecinos a esta capital”.

“Esta información es importante para esta Secretaría para conocer con oportunidad los movimientos  y concentraciones de estudiantes”.

El operativo que la Secretaría de la Defensa Nacional estableció el día de Los Halcones incluyó también el resguardo de varias zonas estratégicas de la ciudad. La sección Tercera (Operaciones) ordenó reforzar el destacamento militar de Palacio Nacional, que quedó a cargo de la Primera Compañía de Infantería Orgánica. En Río Frío y la Estación de Radio Miguel Alemán se desplazaron partidas militares.

A la hora que el enfrentamiento arrojaba los primeros muertos y decenas de heridos eran trasladados a los hospitales de Rubén Leñero y Xoco; mientras Los Halcones irrumpían en los nosocomios de la capital para rescatar a sus compañeros heridos y liquidar a los estudiantes en recuperación, el secretario de la Defensa ordenaba una urgente movilización de tropas de las zonas militares más cercanas.

La orden llegó a la oficina del director de Transportes Militares a las 19:10. El texto solo confirmaba la comisión que minutos antes se le había dado por teléfono.

“Se ratifica la orden telefónica comunicada a usted a las 19 horas de esta fecha, con el objetivo de que salgan de inmediato doce vehículos Dina del 1er regimiento de transportes pesados, a la plaza de Puebla, con el fin de trasladar de esa plaza a esta capital al Batallón de la Escuela Militar de Clases, debiendo alcanzar al 4º Batallón de la Escuela Militar de la Fuerza Aérea Mexicana, sitio en la Calzada Ignacio Zaragoza # 1000…” El director de Transportes Militares respondió al secretario de Defensa Nacional que se habían cumplido “las respetables órdenes dadas por esa superioridad”.

Desde la noche del 9 de junio se había efectuado una serie de operaciones con vehículos controlados por esa dirección. En detalle se especifica que se habían reforzado, además, los batallones de la policía militar con 20 camiones de Dina para transporte del personal y una ambulancia. Algo similar ocurría a esa misma hora en las brigadas de paracaidistas y de infantería: camiones y ambulancias.

Para las 24 horas se reforzó al Regimiento de Intendencia y Sanidad y a la base Aérea Militar Número I con cinco camiones cada uno. Para la mañana del 10 de junio se reforzó a la escuela de Clases de Puebla con 12 camiones.

Llama la atención el último párrafo, donde el director de Transportes Militares, general de división del Estado Mayor Presidencial, Enrique Sandoval Castarrica, señala que el 10 de junio se transportó al personal de deportistas con cinco camiones dentro del DF, más otros dos para transportar personal del Batallón de Tropas de Administración.

El sello de la ciudad incluía la salida a Cuernavaca. A través de un radiograma del 11 de junio, Cuenca Díaz ordenó a la 24 Zona Militar enviar tres compañías de fusileros y que el 19 Batallón de Infantería permaneciera en situación de alerta con el objeto de trasladarse a esta plaza (Zona Militar I) en vehículos que fueran necesarios. La sede donde debería establecerse era en la Sala de Prensa de la Villa Olímpica Libertador Miguel Hidalgo.

De acuerdo con las reglas militares, en un camión Dina se puede trasladar a un promedio de 60 elementos. Es decir, la suma de camiones movilizados al menos en las órdenes de Cuenca alcanza más de 120. Lo que en términos de elementos militares sumarían más de siete mil.

2 comentarios sobre “El Ejército supo del Halconazo

  1. El documento que aparece en la imagen, es un Radiograma, expedido por el C. General Brigadier Alejandro Lugo Domínguez, Director del Centro Militar No. Uno de Rehabilitación Social, es decir, la “Prisión Militar”, que así se denominaba en aquel tiempo. La anterior comunicación, significa que el General que ejercía funciones de Diirector del centro penitenciario militar, sabía desde las 0745 horas, la posibilidad de que fueran trasladados heridos a ese lugar, muy posiblemente estudiantes que participaron en la manifestación del 10 de Junio. Ahora falta investigar si es que en realidad fueron trasladados a ese lugar.

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