Hasta ahora la historia oficial había asegurado que el 10 de junio de 1971 el ejército nada tuvo que ver con el ataque del grupo paramilitar Halcones contra estudiantes, pero sus propios documentos revelan la verdad.
Información de la Sedena, localizada Recientemente en el AGN, revela que el ejército supo y operó a favor de Los Halcones antes, durante y después del ataque. Estas son algunas de las piezas que le faltaban a la historia de la tarde de Los Halcones.

Por Jacinto Rodríguez Munguía

Por lo menos 24 horas antes que Los Halcones cayeran sobre los estudiantes, dejando una estela de muertos y heridos, del Campo Militar Número 1 salió la siguiente orden del general Hermenegildo Cuenca Díaz, entonces secretario de la Defensa Nacional:

“Agradeceré a usted ordenar que desde el día 10 del actual y hasta nueva orden se proporcione atención médica, como el caso lo requiera, al personal de los diversos cuerpos policíacos dependientes del Departamento del Distrito Federal, que con carácter de heridos sean presentados en las instalaciones sanitarias militares”.

El documento localizado en el acervo de la Defensa Nacional, depositado en el AGN, tiene fecha del 9 de junio de 1971, un día antes de la tarde en que Los Halcones irrumpieron en la manifestación estudiantil en los alrededores de San Cosme.

Los detalles que refieren los cuatro párrafos de este oficio y de otros localizados en el mismo expediente, revelan que el ejército no solamente supo y estuvo enterado de lo que ocurriría, sino que estableció un operativo especial que consistió, entre otras cosas, en “sellar” las principales salidas de la capital hacia Cuernavaca, Puebla, Toluca y Pachuca.

Los folios establecen también cuáles fueron las órdenes para resguardar algunas sedes del Poder Ejecutivo, así como una permanente coordinación con otras dependencias, como la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, y los movimientos posteriores de personal militar en sedes donde se ha documentado que se adiestró a Los Halcones.

Efectivamente. El ejército supo de Los Halcones y operó en su favor. La orden completa de Hermenegildo Cuenca Díaz del día 9 de unió es contundente.

El documento cubre con todos los requisitos formales y oficiales de la Secretaría de la Defensa Nacional: sello de la dependencia al margen; dependencia que elaboraba el texto: Estado Mayor Presidencial; a quién iba dirigido: General Brigadier Director General de Sanidad Militar; número de folio: 215; asunto: se proporcione atención médica a elementos policíacos dependientes del depto del D.F.; leyenda de costumbre: Sufragio Efectivo no Reelección, y firma del secretario con todo y su número de registro militar: 121834.

En los párrafos siguientes de este texto se especifica que la atención médica a los cuerpos policíacos del DDF (que después se establecería que no era más que Los Halcones), debían proporcionarse en cuatro instalaciones sanitarias militares:

1.- En la Segunda Compañía de Sanidad Militar;

2.- La Sección Sanitaria del Centro Militar No. I de Rehabilitación Social;

3.- La Sección Sanitaria de la Dirección General de Transmisiones y

4.- La Sección Sanitaria del Colegio Militar.

De acuerdo con el tercer párrafo de este documento, todo estaba calculado: “La Dirección proporcionará a los citados Escalones (grupos de avanzada) el personal médico y enfermeras, material, instrumental quirúrgico y medicamentos necesarios para cumplir su cometido”.

La Defensa calculaba que las consecuencias del jueves 10 de junio no podrían ser graves, por lo que el secretario ordenó que se dispusiera de todo el personal médico militar, e incluso, si era necesario, que se reforzara a los mencionados Escalones del Servicio de Sanidad con el empleo de pasantes de la escuela Médico Militar y de alumnos capacitados de las escuelas de Oficiales de Sanidad Militar de Enfermeras.

Estos documentos echan por tierra la versión oficial que hasta ahora se ha presentado que el ejército no supo ni tuvo nada que ver con la matanza del jueves de Corpus, que todo fue responsabilidad del DDF y de Alfonso Martínez Domínguez.

Lo que pasó esa tarde del 10 de junio de 1971, caso por el que el próximo sábado 24 habrá de consignar la fiscalía especial a un número de presuntos responsables, entre ellos al ex presidente Luis Echeverría Álvarez, al ex secretario de gobernación Mario Moya Palencia, al ex procurador general de la República, Julio Sánchez Vargas, y al fundador y jefe de Los Halcones, Manuel Díaz Escobar, entre otros mandos, fue del conocimiento de la Secretaría de la Defensa Nacional.

La historia de ese 10 de junio se puede contar en breve. Alrededor de las cuatro de la tarde, estudiantes de la UNAM, del Politécnico y otras instituciones realizaban una marcha en apoyo a alumnos de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que impugnaban reformas legales promovidas por el gobierno de esa entidad, cuando fue interrumpida por el ataque del grupo paramilitar Los Halcones.

Las consecuencias de la agresión dejaron cuando menos 12 muertos y decenas de heridos. A Los Halcones se les identificó de inmediato como un grupo parapoliciaco que formaba parte de la nómina y estructura del Departamento del Distrito Federal, a las órdenes directas del coronel Manuel Díaz Escobar.

El regente era Alfonso Corona del Rosal, quien finalmente tuvo que cargar con toda la responsabilidad y renunciar cuatro días después. De cómo y dónde se prepararon Los Halcones se ha documentado ya en libros como 10 de junio no se olvida, de Enrique Condés Lara, y el más reciente de Julio Scherer y Carlos Monsiváis: Los patriotas. Incluso Ángeles Magaleno, quien hasta hace un mes colaboró con la fiscalía encargada de investigar los crímenes del pasado, aseguró que Los Halcones habían tenido un papel importante el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco.

Pero hasta ahora, tanto las indagaciones de la fiscalía como los libros publicados, han mantenido la versión oficial de que el ejército mexicano nada tuvo que ver con el operativo del Jueves de Corpus.

Por lo menos hasta ahora el fiscal especial para presuntos delitos del pasado, Ignacio Carrillo Prieto, no ha establecido hasta dónde llega la responsabilidad de los militares por ese caso.

Lo más que se ha llegado a aceptar es que varios de los Halcones y el mismo Díaz Escobar habían formado parte del ejército, pero el 10 de junio ninguno formaba parte activa del ejército.

O estaban con licencia o habían sido dados de baja.

A la orden del secretario de la Defensa Nacional del 9 de junio de 1971 respondería el general de brigada Santiago Maciel Gutiérrez: “En relación con el superior oficio citado en antecedentes, me permito comunicar a usted que esta dirección a mi cargo, quedó debidamente enterada de su contenido; acusando el recibo correspondiente”.

También el 10 de junio, el director del Colegio Militar, Miguel Rivera Becerra, dio acuse de recibo de la orden del secretario, del día anterior, asegurando que se daría debido cumplimiento a lo ordenado.

Desde las diez de la mañana del 10 de junio se habían establecido operativos desde varios frentes y secciones del ejército. Por ejemplo, la Dirección General de Transmisiones, a cargo del general A. Lugo Domínguez, confirmaba al secretario de la Defensa haber recibido a las 07:45 el telefonema procedente del Hospital Central Militar para informarle que le serían enviados dos médicos cirujanos previniendo la recepción de heridos, en caso de que así suceda.

“Los médicos empezaron a prestar apoyo sanitario a partir de las 10 horas de esta fecha. Todo el personal sanitario perteneciente a enfermería de este centro permanece acuartelado y en situación de alerta”.

Pero la orden de Hermenegildo Cuenca, del 9 de junio, de proporcionar atención médica a los cuerpos policiacos del DDF no sería la única. La misma mañana del 10 de junio envió al Secretario de Comunicaciones y Transportes, Eugenio Méndez Docurro, un memorando confidencial y urgente en el que pide que los agentes de la Policía Federal de Caminos “informen de los desplazamientos de vehículos o transportes que conduzcan estudiantes, procedentes de los distintos lugares circunvecinos a esta capital”.

“Esta información es importante para esta Secretaría para conocer con oportunidad los movimientos y concentraciones de estudiantes”.

El operativo que la Secretaría de la Defensa Nacional estableció el día de Los Halcones incluyó también el resguardo de varias zonas estratégicas de la ciudad. La sección Tercera (Operaciones) ordenó reforzar el destacamento militar de Palacio Nacional, que quedó a cargo de la Primera Compañía de Infantería Orgánica. En Río Frío y la Estación de Radio Miguel Alemán se desplazaron partidas militares.

A la hora que el enfrentamiento arrojaba los primeros muertos y decenas de heridos eran trasladados a los hospitales de Rubén Leñero y Xoco; mientras Los Halcones irrumpían en los nosocomios de la capital para rescatar a sus compañeros heridos y liquidar a los estudiantes en recuperación, el secretario de la Defensa ordenaba una urgente movilización de tropas de las zonas militares más cercanas.

La orden llegó a la oficina del director de Transportes Militares a las 19:10. El texto solo confirmaba la comisión que minutos antes se le había dado por teléfono.

“Se ratifica la orden telefónica comunicada a usted a las 19 horas de esta fecha, con el objetivo de que salgan de inmediato doce vehículos Dina del 1er regimiento de transportes pesados, a la plaza de Puebla, con el fin de trasladar de esa plaza a esta capital al Batallón de la Escuela Militar de Clases, debiendo alcanzar al 4º Batallón de la Escuela Militar de la Fuerza Aérea Mexicana, sitio en la Calzada Ignacio Zaragoza # 1000…” El director de Transportes Militares respondió al secretario de Defensa Nacional que se habían cumplido “las respetables órdenes dadas por esa superioridad”.

Desde la noche del 9 de junio se había efectuado una serie de operaciones con vehículos controlados por esa dirección. En detalle se especifica que se habían reforzado, además, los batallones de la policía militar con 20 camiones de Dina para transporte del personal y una ambulancia. Algo similar ocurría a esa misma hora en las brigadas de paracaidistas y de infantería: camiones y ambulancias.

Para las 24 horas se reforzó al Regimiento de Intendencia y Sanidad y a la base Aérea Militar Número I con cinco camiones cada uno. Para la mañana del 10 de junio se reforzó a la escuela de Clases de Puebla con 12 camiones.

Llama la atención el último párrafo, donde el director de Transportes Militares, general de división del Estado Mayor Presidencial, Enrique Sandoval Castarrica, señala que el 10 de junio se transportó al personal de deportistas con cinco camiones dentro del DF, más otros dos para transportar personal del Batallón de Tropas de Administración.

El sello de la ciudad incluía la salida a Cuernavaca. A través de un radiograma del 11 de junio, Cuenca Díaz ordenó a la 24 Zona Militar enviar tres compañías de fusileros y que el 19 Batallón de Infantería permaneciera en situación de alerta con el objeto de trasladarse a esta plaza (Zona Militar I) en vehículos que fueran necesarios. La sede donde debería establecerse era en la Sala de Prensa de la Villa Olímpica Libertador Miguel Hidalgo.

De acuerdo con las reglas militares, en un camión Dina se puede trasladar a un promedio de 60 elementos. Es decir, la suma de camiones movilizados al menos en las órdenes de Cuenca alcanza más de 120. Lo que en términos de elementos militares sumarían más de siete mil.

LOS DÍAS POSTERIORES

Existen suficientes testimonios que señalan al menos tres bases de entrenamiento y preparación de Los Halcones: Bosque de San Juan de Aragón, Balbuena y el Deportivo Magdalena Mixihuca. Desde esta última sede, el 15 de junio, el general de Ala de la Fuerza Aérea, Raúl Emilio Foullon Cabrera, envió uno de los últimos reportes de esos sucesos al secretario de la Defensa Nacional.

Son dos tarjetas y un radiograma. Una de las tarjetas es sobre las actividades estudiantiles previas a la concentración de masas en apoyo del presidente, Luis Echeverría Álvarez.

Las tarjetas dan cuenta a detalle de los efectivos militares concentrados en Magdalena Mixihuca y que ahí seguían desplegados generales, jefes, oficiales, y cuando menos 2,755 elementos de tropa.

La mayoría de ellos formaban parte de los batallones primero y segundo de Fusileros Paracaidistas, especialistas en ataque veloz.

Por cierto, también se ha logrado comprobar que varios de Los Halcones habían sido integrantes de los batallones de Fusileros Paracaidistas. Todavía el 16 de junio el mismo Foullon mandó un radiograma a Hermenegildo Cuenca informando de algunos movimientos y relevos militares en el mismo deportivo.

Para entonces Luis Echeverría había encontrado a los culpables: Alfonso Martínez Domínguez, regente del Distrito Federal, y el jefe de la Policía, Rogelio Flores Curiel. Además, había hecho que los tres sectores del PRI le llenaran el Zócalo para que respaldaran su Presidencia.

Todavía el 14 de junio, el secretario de la Defensa mandó una carta personal a Luis Echeverría, donde le daba a conocer que se habían recibido en la Sedena telegramas y cartas de adhesión al gobierno de la República, dirigida por militares en activo y retirados para patentizarle su lealtad y “condenando los sucesos del 10 del actual, en que un grupo estudiantil fue conducido por agitadores profesionales a una manifestación que perturbó la paz pública”.

“Al comunicar lo anterior, esta Secretaría se une al sentir de todos los mexicanos que confiamos en la política por usted señalada, que conduce a nuestro país, por la senda de la paz y el progreso, reprobando todos aquellos actos que como el anteriormente señalado, trastornan la tranquilidad y retardan el desenvolvimiento pacífico de México”.

LA VERSIÓN OFICIAL DE LA SEDENA

“El ejército no intervino en los asuntos de estudiantes”

La Sección Segunda (Inteligencia) fue la encargada de elaborar el boletín de prensa que la Defensa Nacional difundiría el 11 de junio. Esta parte de la versión militar-oficial de lo que pasó el 10 de junio de 1971.

Dice el boletín que la pretendida manifestación estudiantil había degenerado en actos violentos de los que resultaron algunos muertos y heridos.

“Las Fuerzas Armadas lamentan que ocurran estos actos por diferencias ideológicas y políticas entre grupos estudiantiles que se dejan arrastrar a la violencia por agitadores profesionales que abusan de la nobleza del estudiantado al encauzarlo hacia objetivos que sirven a intereses ajenos a nuestra patria”.

“Estos incitadores que preconizan el comunismo, son los propios capitalistas, ya que capitalizan la voluntad del estudiantado y además, se puede constatar, son poseedores de capitales considerables y viven en la opulencia”.

En uno de sus párrafos asegura que una “vez más el Ejército no intervino en la proyectada manifestación ni intervendrá en los asuntos propios de los estudiantes, pero cumpliendo con los mandatos Constitucionales, asegurará la tranquilidad y la paz pública para mantener el orden interno. Con este motivo y como las manifestaciones estudiantiles degeneran en desorden, el Ejército tomó posiciones que estimó convenientes para dar cumplimiento al mandato de la Carta Magna”.

La versión militar sería retomada por varios medios internacionales. En el acervo de la Sedena se guardaron las traducciones de Los Ángeles Times y The New York Times.

El primero dice del 10 de junio: “Fue el encuentro sangriento en que tropas civiles de choque (derechistas), se lanzaron sobre una masa estudiantil izquierdista que realizaba una manifestación, lo que ha causado desunión en esferas gubernamentales a un nivel muy serio.

“Durante la batalla, que se extendió en un área de 20 manzanas, no lejos del centro de la ciudad, Los Halcones balearon y tundieron con garrotes a los estudiantes, sin ninguna interferencia. Algunos testigos afirman que el jefe de Los Halcones había conferenciado con oficiales policiacos antes del ataque, el cual se ejecutó con precisión militar.

“A pesar de que Los Halcones han sido descritos en testimonios como grupos entrenados por un coronel del ejército, el secretario de la Defensa Nacional categóricamente ha negado que elementos militares tengan nexos en forma alguna con Los Halcones o grupos similares”.

The New York Times publicó el 17 de junio que investigadores especiales habían iniciado pesquisas revisando la documentación del ayuntamiento de la ciudad en busca de evidencias que apoyen los cargos en el sentido de que funcionarios municipales mantenían un ejército secreto de jóvenes derechistas.

“Estudiantes y muchos reporteros mexicanos han afirmado que Los Halcones fueron entrenados y pagados por el Departamento del DF”.

Publicado en el No. 022 de Larevista (26 de julio de 2004)

2 comentarios sobre “El Ejército supo del Halconazo

  1. El documento que aparece en la imagen, es un Radiograma, expedido por el C. General Brigadier Alejandro Lugo Domínguez, Director del Centro Militar No. Uno de Rehabilitación Social, es decir, la “Prisión Militar”, que así se denominaba en aquel tiempo. La anterior comunicación, significa que el General que ejercía funciones de Diirector del centro penitenciario militar, sabía desde las 0745 horas, la posibilidad de que fueran trasladados heridos a ese lugar, muy posiblemente estudiantes que participaron en la manifestación del 10 de Junio. Ahora falta investigar si es que en realidad fueron trasladados a ese lugar.

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