Los días de Paz en el 68

Interactivo

Por Jacinto Rodríguez Munguía
Para Darío Ramírez y Lucía Vergara.
Por esos días de Zigma-Periodistas.

Octavio Paz es de la estirpe de seres humanos que sólo pueden ser superados por sí mismos. De su poesía, sus letras, sus ideas, nunca se dejará de decir algo.

De cada una de sus acciones, de cada una de sus decisiones. De sus aciertos y errores. Que si se equivocó; que si procedió con honestidad al cuestionar ciertas ideologías, a líderes a los que otros, sus amigos mismos, aplaudían y legitimaban. Que si debió decir sí o no a ciertos presidentes mexicanos en determinados momentos.

Carta de supuesta amenaza contra Octavio Paz

Carta de supuesta amenaza contra Octavio Paz

Todo, o casi todo, lo que hizo dejó una huella profunda y duradera. Por eso, dejemos que hablen las galerías, las imágenes, las fotos, cartas, documentos, poemas firmados a mano que se fueron acumulando en los archivos diplomáticos y en los del espionaje que lo seguía.

Dobleguémonos ante la delicia tardía de leer sus reflexiones escritas a mano sobre el movimiento estudiantil del 68, de sus alegatos por no ver en la revuelta juvenil una revolución sino un simple grito por cambiar al sistema político mexicano.

Era septiembre de 1968 y Octavio Paz cumplía con uno de esas ingratas e inevitables funciones del embajador: la del análisis, la del reporte diplomático.

Octavio Paz no era sólo un diplomático. Era un escritor, un pensador, y en sus letras, el poeta va anunciando por donde iría su postura ante la tentación represiva que ya no parecía tan lejana en México.

Octavio Paz al asumir la embajada en la India

Sólo 23 días después tomaría la decisión política más relevante de su historia personal: la renuncia a la embajada de México en la India en protesta por la masacre de estudiantes en la Plaza de Tlatelolco.

Luego siguieron muchas cosas más en la vida del hijo de Octavio Paz Solórzano. El regreso al país, el reencuentro con los círculos intelectuales y políticos, a la vida de las ideas.

Paz nunca dejó de hablar. Aun sin abrir la boca, el poeta hablaba. Su pensamiento requería muy poco para aflorar. Aun cuando callaba, estaba gritando.

Estas imágenes fueron rescatadas de los archivosde la Secretaría de Relaciones Exteriores, de la Dirección Federal de Seguridad y de Investigaciones Políticas y Sociales de la Secretaría de Gobernación.

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