Así se aniquiló a la guerrilla urbana (Detalles del “Plan Secreto Silenciador”)

 

Miguel Nazar Haro fue construyendo este organigrama a partir de las confesiones arrancadas bajo tortura, aunque aseguraba que la base de este había sido confiscado a Ignacio Salas Obregón, uno de los fundadores de la Liga Comunista 23 de Septiembre.

Miguel Nazar Haro fue construyendo este organigrama a partir de las confesiones arrancadas bajo tortura, aunque aseguraba que la base de este había sido confiscado a Ignacio Salas Obregón, uno de los fundadores de la Liga Comunista 23 de Septiembre.

Por Jacinto Rodríguez Munguía

En las montañas de Guerrero fue el ejército, en la ciudad, la Dirección Federal de Seguridad. En los dos casos, el mismo objetivo: exterminar a los subversivos, a todo vestigio de guerrilla, a todo aquel que desafiara el poder del Estado.

En la versión sin “editar” del informe de la Fiscalía Especial para Movimientos Políticos y Sociales del Pasado de la PGR que emeequis dio a conocer en su edi­ción pasada, se encuentran muchas de las claves de las peores horas de la Guerra Sucia en México.

También está la otra cara de esos años, la de las ciudades donde se activaría también un fino mecanismo de Estado para espiar, infiltrar, controlar, detener, torturar y liquidar a cientos de mexicanos. La estrategia contra la guerrilla urbana fue quirúrgica. El Plan Secreto de Operaciones “Silenciador” muestra muchos de sus detalles.

Y, de nuevo, las palabras se amontonan, se enciman hasta formar un retrato oscuro de aquellos días: tiros de gracias, ejecuciones extrajudiciales, clavos calientes en las rodillas, desaparecidos, crímenes, orden de eliminación, tortura psicológica… la lista es larga, como los excesos.

La siguiente habrá de quedar como una de las imágenes más contundentes en la memoria de la Guerra Sucia del Estado mexicano: un inmenso y detallado esquema de la estructura de los grupos guerrilleros que Miguel Nazar Haro presumía sobre la mesa de la sala de juntas de sus oficinas de la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Una pieza armada por una mente meticulosa, una pieza de orfebrería en la que estaban retratados el miedo, el pulso y el aliento de la guerrilla urbana.

No había posibilidad de que algo estuviera fuera de control. En ese organigrama estaban, a detalle, la historia, los nombres, las líneas de las vidas y los destinos pinchados con alfileres.

Si la guerrilla se movía, Fernando Gutiérrez Barrios lo sabía; si la guerrilla planeaba un asalto, Miguel Nazar Haro lo sabía; si los guerrilleros hacían el amor, Luis de la Barreda lo sabía, si la guerrilla respiraba, Luis Echeverría, José López Portillo, todos, lo sabían. Controlaban las venas de la guerrilla urbana.

Mientras en Guerrero el ejército arrasaba poblaciones completas, en las ciudades eran otros cuerpos los que hacían el trabajo sucio. La Federal de Seguridad, la Brigada Especial o Brigada Blanca, el Grupo Jaguar y una selecta agrupación de militares, tenían como objetivo borrar de la tierra a los integrantes de la guerrilla urbana, en particular a la Liga Comunista 23 de Septiembre (la Liga), formada por varios grupos levantados en armas desde marzo de 1973.

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