“Ya han echado el corazón al otro lado del muro” (A 20 años de la caída del monumento del silencio)

Por Jacinto Rodríguez Munguía

El 9 de noviembre se cumplieron 20 años de un acontecimiento central en la historia contemporánea del mundo: la caída del Muro de Berlín, el principio del derrumbe del bloque socialista, la desintegración posterior de la Unión Soviética, la desaparición gradual de la Guerra Fría para hacer lugar a la llegada de un mundo con un solo superpoder. Ese día no sólo cayó el muro que oprimía cualquier voz disidente en la República Democrática Alemana (RDA), sino que se desmoronó la utopía de un sistema que en teoría buscaba la justicia y el fin de la desigualdad. Pocos valoraron en su justa dimensión las dramáticas transformaciones que el planeta tendría luego de que Berlín dejara de estar dividida por aquel muro de 155 kilómetros. ¿Qué pensaba de ello el gobierno mexicano? ¿Qué tan atento estaba a los acontecimientos? ¿Qué información enviaban los embajadores mexicanos en las dos alemanias? Eso es lo que contienen los archivos de la época de la Secretaría de Relaciones Exteriores a los que se tuvo acceso.

El 25 de junio de 1867, Lucien B. Smith, un hombre al que la historia refiere como un gris personaje de Ohio, Estados Unidos, registraba un invento de su autoría: el alambre de púas. Luego vendrían artefactos similares. Aunque con variantes, tenían una misma intención: aislar propiedades, separar cuerpos, delimitar y dividir las tierras y la gente.

La madrugada del 13 de agosto de 1961 unos 40 mil soldados y policías de Alemania Oriental —la República Democrática Alemana (RDA)— tendían interminables rollos de alambre de púas a lo largo de la frontera para contener la estampida de refugiados hacia Alemania Occidental —la República Federal de Alemania (RFA)—.

Ataban y desgarraban el cuerpo de Alemania y su alma, Berlín.

Los berlineses se despertaron esa mañana aislados de familiares, de amigos, de su pasado.

Con el tiempo sería peor. Los sueños rasgados por las púas quedarían atrapados en toneladas de cemento, por un muro de concreto de cuando menos 155 kilómetros de largo por 4 metros de altura.

Se erigía así el Muro de Berlín, la otra extensión de los tumores de la Guerra Fría.

Era el 9 de noviembre de 1989.

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