El informe establece a detalle la organización que seguirían en lo general los grupos guerrilleros y, en particular, la Liga, lo que en gran medida dificultó el control inmediato de la organización: “La forma y la disciplina partidaria adoptadas dificultan mucho la labor policíaca y militar de penetración, ubicación y eliminación de los elementos revolucionarios, pues no basta con detener y obligar a través de la tortura a dichos dirigentes a dar la información existente, pues no basta conocer cada uno de los pormenores del trabajo, lo que permite la fuga de los demás compañeros y la reorganización de los equipos y estructuras”.

Pero ese muro se fue resquebrajando. Pronto detectarían, por ejemplo, la función que tenía el órgano oficial de difusión, Madera, como modelo de organización guerrillera.

Cuando la DFS, se explica en el documento, descubrió que la actividad de la Liga giraba en torno a la edición y distribución de Madera, diseña y perfecciona un sistema de operativos para ubicar, infiltrar y detener a los comités de prensa, en particular a sus consejos de redacción, que a partir de 1975, cuando se disuelve la Liga, se convierten en los verdaderos órganos de dirección de la organización.

“La DFS y luego la Brigada Blanca y el Grupo Jaguar, organizan a las diferentes corporaciones policiales y militares del país para detectar la ‘repartiza’ o distribución de Madera y contribuir a la eliminación de la LC23S… Para combatir su difusión y lograr la detención de los brigadistas desarticulando sus células, la policía monta rutas móviles de patrullas y helicópteros para darle gran movilidad a los agentes; detecta horarios y rutas en que los obreros circulan masivamente en las entradas y salidas de sus trabajos, así como de los transportes públicos, e incorporan a dichas rutas más policías de civil que simulan ser trabajadores que venden periódicos, frutas u otras mercancía; dotan de más patrullas, muchas de ellas sin logos que identifiquen a la corporación, que realizan rondines; incorporan agentes en fábricas, como trabajadores y en escuelas, como estudiantes, con la tarea central de observar los movimientos internos de centros laborales y educativos que van siendo detectados”.

Cuando lograban detener a un guerrillero, el objetivo inmediato de la tortura era conseguir información respecto a los mecanismos de comunicación de las brigadas con los comités y de éstos con los órganos de dirección nacional.

Las casas de seguridad, donde vivían los militantes profesionales y se almacenaban armas, explosivos y municiones, se convirtieron en uno de los objetivos prioritarios de la policía política. “La mayoría de estas casas es descubierta a consecuencia de los informes de la cadena de mando intermedia, tras sufrir una tortura brutal física y sicológica.

El informe establece a detalle la organización que seguirían en lo general los grupos guerrilleros y, en particular, la Liga, lo que en gran medida dificultó el control inmediato de la organización: “La forma y la disciplina partidaria adoptadas dificultan mucho la labor policíaca y militar de penetración, ubicación y eliminación de los elementos revolucionarios, pues no basta con detener y obligar a través de la tortura a dichos dirigentes a dar la información existente, pues no basta conocer cada uno de los pormenores del trabajo, lo que permite la fuga de los demás compañeros y la reorganización de los equipos y estructuras”.

Pero ese muro se fue resquebrajando. Pronto detectarían, por ejemplo, la función que tenía el órgano oficial de difusión, Madera, como modelo de organización guerrillera.

“En función de su jerarquía o posible detención de algún alto dirigente, se daba la orden de eliminación —no se intentaba siquiera que los activistas se rindieran, sino se abría fuego directamente en contra ellos para asesinarlos y después presentarlos como muertos en combate—. Sus cadáveres presentan un tiro de gracia en la cabeza, que queda como claro indicio de su ejecución extrajudicial. Otros eran detenidos para ser trasladados posteriormente a una cárcel clandestina o al CM1, donde eran sometido a brutales sesiones de tortura, muchas de ellas hasta la muerte. Muchos quedaron como desaparecidos. Los pocos que sobrevivieron fueron encarcelados o recobraron su libertad después de permanecer desaparecidos muchos meses y han aportado su testimonio que permite documentar estos crímenes de lesa humanidad cometidos por la Brigada Blanca y otros grupos policiales y militares contrainsurgentes”.

A pesar de sus intentos por impulsar tres focos guerrilleros revolucionarios rurales, como el denominado Cuadrilátero de Oro, en la confluencia de Sinaloa, Sonora, Chihuahua y Durango; otro en Oaxaca y uno más en Guerrero, la Liga difícilmente rebasaría los niveles básicos de organización. “En algunos casos, como en Guerrero, ni siquiera logro trascender la fase I, que tenía que ver con organizar, educar, infiltrar otras organizaciones… (La Liga) no pudo convertirse, por sus propias contradicciones internas, en el brazo armado del pueblo. Con la escasa fuerza que acumularon no tenía posibilidad alguna de ganar la partida, ni a la policía ni al ejército”.

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