Vicente Cappello, el “malo” de la película
Vicente Cappello es de esos personajes perfectos para el papel de malo de las novelas policiacas. Cuando se abrieron los archivos de la policía secreta en México (2002), la imagen que de inmediato me recordó al verlo tras los cristales de la galería 1 fue la del Venerable Jorge, aquel monje cruel de El nombre de la rosa, de Umberto Eco.
Cappello ha ido cosechando odios, protestas y denuncias que van de encubrir a quienes fueran sus jefes, todos relacionados con la DFS, hasta la más reciente de Huismann y Lagunas Berber, de haber desaparecido la famosa carta o ficha sobre la petición de Lyndon B. Johnson, Gustavo Díaz Ordaz o Gutiérrez Barrios, según la laberíntica explicación dada.
No es la primera vez que alguien cuestiona su papel en el AGN. Es incomprensible que un elemento del Cisen, la versión moderna de la DFS, sea quien resguarde esos archivos. A los reclamos, en corto lo ha dicho siempre: “Yo qué culpa tengo que no haya quien que se haga cargo de este archivo”. Pero lo que fue nuevo para él en este episodio es que Huismann declarara que sus antepasados tuvieran que ver con el dictador Benito Mussolini (El Universal, 6 de enero 2006). Eso le dolió. Pocas veces se le vio tan furioso y, todavía más inusual, que el hombre de todas las confianzas del capitán Fernando Gutiérrez Barrios y de otros directores míticos de la DFS, como Miguel Nazar Haro, abriera una rendija a la puerta de su vida familiar para contar apenas unas migajas de su historia… Mi abuelo fue general con Porfirio Díaz y mi padre, un sastre que se jodió el lomo para que pudiéramos comer, y ahora vienen y me dicen que mi padre fue guardaespaldas de Mussolini…”
—¿Por qué no responde públicamente?
—Yo no soy de ésos. He sido y seré siempre un hombre institucional.
Es un hombre que construyó gran parte de su historia del lado de los duros y para quien conceptos como lealtad, institucionalidad y silencio son asuntos innegociables. Tiene particular renuencia a los periodistas.
Pero también es cierto que a este hombre, más odiado que querido, nos guste o no, se le debe en gran medida la existencia del archivo de la DFS. Él creó su propia metodología, él dedicó la mitad de su vida a ordenar, ficha por ficha, una síntesis de cada uno de los millones de documentos que han sobrevivido a la rapiña de ex funcionarios de la DFS, al rastrillo de funcionarios que han borrado su historia de esos papeles.
Publicado en el No. 1 de Emeequis (06 de febrero de 2006)





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